Entre los surcos fértiles de la Vega de Granada, donde el aire huele a historia y las acequias murmuran secretos nazaríes, hay un camino custodiado por 23 cipreses que no fueron sembrados por manos cualquiera, sino por el amor. Fue en 1941 cuando Rafael Dolz plantó cada uno como ofrenda a su esposa Blanca Jara Seijas, en el día que cumplía 23 años. Desde entonces, estos árboles eternos flanquean el sendero entre Ambroz y Belicena como centinelas de una historia que enraíza el alma en la tierra. Bajo su sombra creció un amor que hoy es patrimonio de todos: el del Cortijo de San Antón, las almunias dormidas y la memoria viva de una mujer que aún pasea, en el recuerdo, entre los árboles que la aman. Este es un viaje al corazón de Vegas del Genil, donde paisaje, leyenda y emoción se entrelazan como las ramas de un ciprés buscando el cielo.