La visibilidad del colectivo LGTBI en el entorno rural no es una cuestión meramente estética; es, ante todo, una herramienta vital de supervivencia. Históricamente, pertenecer al colectivo en municipios de escala media o pequeña ha supuesto un doble aislamiento debido al peso de las tradiciones y la falta de redes amplias de apoyo. Por eso, cuando un ayuntamiento rural decide teñir sus calles de diversidad, no solo cambia el mobiliario urbano, sino que salva vidas al lanzar un mensaje rotundo: “Aquí puedes ser quien eres”.
Durante casi una década, el municipio granadino de Vegas del Genil (formado por Purchil, Ambroz y Belicena) fue precisamente eso: un faro de resistencia y vanguardia en el área metropolitana. Sin embargo, la llegada del actual equipo de gobierno ha congelado una agenda social que ha pasado de transformar el tejido social a limitarse al más vacío de los gestos institucionalistas.

2015-2023: Los años de la eclosión y la transformación social
El cambio de rumbo comenzó tras las elecciones de 2015. A partir de ese momento, y bajo el impulso de las áreas de Igualdad, el municipio entendió que el Orgullo no podía celebrarse únicamente un 28 de junio. Se inició entonces un despliegue sin precedentes de actividades transversales destinadas a visibilizar y educar.
El color toma el espacio público
La visibilidad se trasladó de manera permanente a las calles. En 2016, el municipio fue pionero al pintar los pasos de peatones con los colores del arcoíris en las vías principales de sus tres núcleos urbanos (como la calle Carlos Cano en Belicena o San Antón en Ambroz), combinando la seguridad vial con la concienciación. Posteriormente, esta misma estrategia llenó de color bancos públicos estratégicos junto al teatro de Purchil o el consultorio de Ambroz para recordar diariamente el derecho a la diversidad.

El color toma el espacio público
La visibilidad se trasladó de manera permanente a las calles. En 2016, el municipio fue pionero al pintar los pasos de peatones con los colores del arcoíris en las vías principales de sus tres núcleos urbanos (como la calle Carlos Cano en Belicena o San Antón en Ambroz), combinando la seguridad vial con la concienciación. Posteriormente, esta misma estrategia llenó de color bancos públicos estratégicos junto al teatro de Purchil o el consultorio de Ambroz para recordar diariamente el derecho a la diversidad.
Incluso las iniciativas populares y festivas inundaban el pueblo, llenando las calles con vehículos emblemáticos y caravanas de la diversidad decoradas con guirnaldas, que llevaba la fiesta y la reivindicación directamente a las plazas y comercios locales.
El calado de estas campañas era tal que los propios vecinos lucían con orgullo pulseras conmemorativas impresas para la ocasión, convirtiendo la identidad en un orgullo compartido.
Instituciones abiertas al debate


La labor educativa se blindaba desde dentro de las paredes consistoriales. Los plenos y bibliotecas municipales se transformaban de forma habitual en foros abiertos al público. Como bien ilustran los archivos históricos, el Salón de Plenos no era un espacio rígido: acogía a mesas redondas, colectivos sociales y asociaciones locales (como la histórica asociación LGTBI La Huella) para debatir sobre transfobia, realidades trans y diversidad afectiva. En aquellas jornadas, representantes políticos y activistas se sentaban cara a cara bajo la bandera trans y de la diversidad, tejiendo políticas desde la empatía.
Además, las ondas locales desempeñaban un papel estratégico. Las instalaciones de la emisora municipal Vegas Radio, se convertían cada mes de mayo y junio en altavoces de maratones de radio online y debates coloquio dedicados íntegramente a combatir la discriminación por orientación sexual.

El punto de inflexión de 2023: El polémico inicio de la nueva era
Toda esta maquinaria de activismo institucional sufrió un frenazo drástico en junio de 2023. Tras las elecciones municipales, la entrada del actual equipo de gobierno (una coalición de PP y Vox liderada por la alcaldesa Mari Carmen Ros) se estrenó con una medida que encendió todas las alarmas: en apenas 72 horas desde su toma de posesión, ordenaron la retirada inmediata de las banderas LGTBI y trans que tradicionalmente lucían en el balcón del consistorio.
Esta decisión, calificada por la oposición como un intento de «invisibilizar al colectivo y devolver a Vegas al blanco y negro», provocó una fuerte contestación social. Aunque posteriormente el gobierno local intentó matizar su postura e izar de nuevo la enseña forzado por la presión mediática y vecinal, el daño simbólico ya estaba hecho.

La actualidad: Un compromiso que se reduce a una bandera
A día de hoy, en pleno 2026, la realidad de las políticas de diversidad en Vegas del Genil dista mucho de aquella agenda dinámica y vibrante. El actual equipo de gobierno ha reducido el Día del Orgullo a un mero trámite administrativo e institucional.

Desaparición de los foros de debate: Se han cancelado los ciclos de conferencias informales y formativas en el Salón de Plenos y las bibliotecas.
Silencio en las ondas: La programación especial y comunitaria en la radio local enfocada en dar voz a las realidades rurales LGTBI ha pasado a ser residual o inexistente.
Mantenimiento mínimo: Las intervenciones en el espacio público han sido sustituidas por el inmovilismo. Ya no hay caravanas culturales ni renovación de los símbolos urbanos dinámicos.
La gestión actual cumple con el expediente mínimo: colgar la bandera oficial en el balcón del Ayuntamiento durante la jornada correspondiente y emitir una nota de prensa estandarizada. Pero despojar al Orgullo de su contenido formativo, de sus talleres con la policía local contra los delitos de odio, de sus exposiciones artísticas y de su tejido asociativo es, de facto, una forma de censura blanda.
En el mundo rural, donde las administraciones locales son el motor fundamental del cambio cultural, conformarse con poner una bandera es dar la espalda a los derechos conquistados. Vegas del Genil demuestra que los derechos y la visibilidad, si no se defienden e impulsan activamente con recursos y convicción, pueden desvanecerse tan rápido como se retira una lona de un balcón.

Jorge Martín del Castillo
Tesorero y socio fundador de la Plataforma Vecinal Defiende Vegas del Genil




