En Vegas de Genil no debemos dejar en el olvido un día tan importante como es el Domingo del Corpus Cristi o Día del Señor, ya que aún tenemos la suerte de seguir celebrándolo adaptado como todo a los tiempos que vivimos. Este día se lleva celebrando por la comunidad católica desde antaño (aunque antes se celebrara en jueves) y siempre nos han trasmitido la importancia que tiene su celebración ya que es el día en el que el Santísimo Sacramento sale a las calles de nuestro pueblo y este acontecimiento es tan importante porque los católicos creemos firmemente que es nuestro verdadero Dios el que se hace presente por nuestras calles.

Siendo así nuestra fe y nuestra creencia cristiana, este día es único y por eso nos hemos preocupado en aprender de nuestros mayores cómo se debe de celebrar un día así. Los días previos, en cada barrio los vecinos se comienzan a organizar y como casi siempre ocurre en los eventos sociales son las mujeres las que toman la iniciativa y con ellas arrastran a hombres y niños. Se busca un rincón, una plaza, una fachada… de nuestra calle adecuada para montar el altar, este altar es una ofrenda que se le hace al Señor para agasajarlo y recibirlo al pasar por nuestra calle y ofrecerle un descanso en su recorrido.

Como podemos imaginar esta grandiosa visita merece lo mejor de cada casa y para ello se engalanan balcones y ventanas con colgaduras que llevan los colores de la bandera de España, preciosas colchas y mantones de Manila se lucen con esplendor, las calles se barren a conciencia y se riegan para aplacar el polvo y refrescarlas esperando el paso de Dios. Ya nos vamos acercando al lugar elegido entre un pasillo de macetas y alfombrado de hierbas frescas recién cortadas que aporta un olor inconfundible a este día, todo nos va anunciando la inminente escena del altar el cual se hace presente remontando desde su escalonada base hacia lo más alto, tan alto como nuestras posibilidades puedan alcanzar. Alfombras, cojines, finas sábanas bordadas, elegantes telas adamascadas, relucientes bandejas de plata, espejos y cornucopias, cuadros e imágenes cristianas… todo dispuesto de forma
esplendorosa para decorar dignamente nuestro altar. En un altar no debe faltar una biblia haciendo presente la palabra de Dios, unas espigas y unos panes, un racimo de uvas y una jarra de vino representando el cuerpo y la sangre de Cristo, unos candelabros con sus velas encendidas y unos platos repletos de pétalos que los niños vestidos de comunión lanzan a la custodia agasajando la presencia del Señor.
Ya se escucha venir la procesión, sus cantos litúrgicos se hacen presentes por las calles alabando y adorando a Dios, abre el cortejo la cruz parroquial flanqueada por dos ciriales, los fieles se organizan en dos filas arropando al Señor que es portado por el sacerdote en su mejor custodia repujada de metales nobles, el palio lo cubre haciéndonos ver su realeza celestial y los niños que acaban de recibir su primera comunión acompañan al Santísimo en su recorrido por el pueblo.
Es un día especial por lo que se celebra y por todo lo que conlleva ya que se promueve la convivencia vecinal, el trabajo y esfuerzo que solo es posible con la unión entre personas, el orgullo de una labor colectiva que engrandece nuestra calle, el sentimiento de una obra de arte en ofrenda al Señor y las vivencias que siempre quedan en el recuerdo donde la nostalgia hacen recordar

aquellas personas que ya no están con nosotros y se volcaban trabajando para este día, el pique y competencia que siempre surgía para ver quien hacia un altar mejor, las noches en vela trabajando en su montaje y custodiando el altar hasta la hora precisa, las comidas y bebidas compartidas a pie de calle entre amigos y vecinos y esas visitas de las gentes de otras calles que se asoman a ver nuestro altar y son recibidas y acercadas a nuestro monumento explicándoles hasta el último detalle que nos enorgullece de un trabajo bien hecho para el mayor honor y gloria a Cristo nuestro Señor.






