Por qué la planta de biogás de Alhendín supone un riesgo real para Vegas del Genil

La planta de biogás proyectada en Alhendín no es solo una cuestión local. Su impacto potencial sobre la calidad del aire, el agua y el modelo de desarrollo de la Vega de Granada plantea riesgos reales para municipios como Vegas del Genil. Más allá del debate energético, la ubicación, la escala del proyecto y la falta de una respuesta institucional clara abren una preocupación legítima sobre el futuro ambiental, económico y social del territorio.

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En las últimas semanas, la Vega de Granada ha entrado en alerta por un proyecto que, aunque se presenta como una apuesta por la energía renovable, ha encendido el rechazo social en municipios como Alhendín y su entorno. Se trata de la instalación de una planta de biometano impulsada por iniciativa privada, actualmente en tramitación, que transformaría grandes volúmenes de residuos orgánicos en gas renovable de alta pureza. Sin embargo, detrás de este modelo energético surgen dudas razonables sobre sus efectos reales, ya que el proceso implica el tratamiento intensivo de purines, estiércoles y lodos orgánicos, generando emisiones, olores y residuos que no se limitan al término municipal donde se ubica la planta. En un territorio interconectado como la Vega, donde el aire, el agua y la actividad económica no entienden de fronteras administrativas, el impacto potencial trasciende a Alhendín y coloca también a municipios cercanos como Vegas del Genil en el centro de un debate que va mucho más allá de lo energético: salud, medio ambiente y modelo de territorio.

La oposición a esta planta no es una cuestión ideológica ni de rechazo a las energías renovables. Es una cuestión de ubicación, escala y contexto. Se plantea la implantación de una industria de tratamiento de residuos en un entorno ya tensionado ambientalmente y con población cercana, como es la Vega de Granada.

Salud pública: un impacto que sí llega a nuestro municipio

Este tipo de instalaciones emiten gases como amoníaco (NH₃), sulfuro de hidrógeno (H₂S) y partículas finas. Estas sustancias no permanecen en el punto de origen. Diversos estudios y modelos de dispersión indican que, en función del viento y la orografía, pueden desplazarse decenas de kilómetros, alcanzando distancias de hasta 20 o 22 kilómetros.

En este contexto, la Vega actúa como una cubeta natural. La escasa ventilación, junto con episodios de inversión térmica, favorece que los contaminantes se acumulen y permanezcan más tiempo en el aire. Esto implica que municipios como Vegas del Genil no solo pueden verse afectados, sino que pueden convertirse en zonas donde estos contaminantes persistan durante más tiempo.

Las consecuencias son conocidas. A corto plazo, pueden aparecer olores intensos, irritación de ojos y garganta y dolores de cabeza. A medio plazo, se incrementan los problemas respiratorios. A largo plazo, se agravan enfermedades como el asma, el enfisema o la EPOC, especialmente en población vulnerable como niños y personas mayores. No se trata de una hipótesis remota, sino del comportamiento habitual de este tipo de emisiones en entornos con baja ventilación

El agua: un sistema ya al límite

El problema del agua en Vegas del Genil no es nuevo. En amplias zonas del municipio se registran valores cercanos que sobrepasan los 40 mg/l de nitratos, próximos al límite legal de 50 mg/l. Esta situación es consecuencia de décadas de uso intensivo de fertilizantes, de la elevada permeabilidad de los suelos, compuestos por gravas y arenas, y de una presión agrícola y urbana acumulada.

En este escenario, la incorporación de una planta de biogás introduce un elemento adicional de riesgo: el digestato. Se trata del residuo líquido resultante del proceso de producción de gas, con un alto contenido en nitrógeno y habitualmente utilizado como fertilizante.

El problema radica en que, en suelos como los de la Vega, este material puede infiltrarse con facilidad. A través del proceso de lixiviación, el agua de lluvia o riego arrastra los nitratos hacia el subsuelo, contaminando el acuífero. En un terreno tan permeable, este fenómeno se produce con rapidez.

El abastecimiento de agua y su vulnerabilidad

El suministro principal de agua proviene del sistema gestionado por Aguasvira, con captaciones como el manantial de Deifontes. Sin embargo, esto no implica que el municipio esté aislado de posibles afecciones.

Las redes de abastecimiento son interdependientes y dinámicas. En situaciones de sequía o de elevada demanda, se recurre a fuentes complementarias. Si el entorno general sufre un deterioro, la calidad global del sistema también puede verse afectada.

Además, el impacto del agua no se limita al consumo humano. La calidad del agua es clave para la agricultura. Si los niveles de nitratos superan los límites legales, el agua puede ser declarada no apta para riego. Esto supondría una pérdida directa de cultivos, un incremento de costes para los agricultores y un deterioro del valor productivo de la Vega. A medio plazo, podría comprometer la viabilidad de explotaciones agrícolas y afectar al empleo vinculado al sector.

Impacto acumulativo y riesgo de irreversibilidad

Uno de los aspectos más relevantes es el impacto acumulativo. La planta no se ubica en un entorno virgen, sino en un territorio ya sometido a múltiples presiones. La combinación de agricultura intensiva, contaminación previa del agua, crecimiento urbano y la implantación de una nueva industria de residuos genera un efecto que supera la suma de cada uno de estos factores por separado.

Este fenómeno puede llevar al sistema a un punto en el que pierde su capacidad de recuperación. En el caso de los acuíferos, el problema es especialmente grave, ya que su contaminación es lenta, silenciosa y, en muchos casos, irreversible durante generaciones.

Un entorno especialmente vulnerable

La Vega presenta características que amplifican cualquier impacto ambiental. Sus suelos permeables facilitan la infiltración de contaminantes. La escasa ventilación favorece su acumulación en el aire. La intensa actividad agrícola actúa como factor multiplicador de los efectos.

Como consecuencia, cualquier emisión o vertido no se disipa con facilidad, sino que permanece, se acumula y afecta simultáneamente al aire, al suelo y al agua. El resultado es un deterioro progresivo del entorno.

Un modelo de municipio en riesgo

Vegas del Genil ha evolucionado hacia un modelo residencial, con presencia de familias jóvenes, un entorno tranquilo y una estrecha vinculación con Granada. La implantación de una instalación de estas características introduce factores incompatibles con ese modelo, como el incremento del tráfico pesado, la aparición de olores y la percepción de riesgo sanitario.

Este cambio puede traducirse en una pérdida de atractivo para residir en el municipio y en una alteración del equilibrio urbano alcanzado en los últimos años.

Consecuencias económicas

El impacto no se limita al ámbito ambiental. También tiene implicaciones económicas directas. La depreciación del valor de la vivienda, la pérdida de interés inversor en suelo urbanístico y la ralentización del desarrollo residencial son efectos previsibles.

A ello se añade el posible deterioro de la imagen de la Vega y los riesgos asociados al sector agrícola en caso de empeoramiento de la calidad del agua. En este contexto, el beneficio económico de la instalación se concentra en el ámbito privado, mientras que los costes se distribuyen sobre el conjunto del territorio.

Carga logística, riesgos y rechazo social

La actividad de la planta implicaría un flujo constante de camiones destinados al transporte de residuos orgánicos, lo que supondría un incremento significativo del tráfico pesado en el entorno. Este aumento conlleva un mayor riesgo de accidentes, la posibilidad de vertidos accidentales y un impacto continuo en forma de ruido y molestias para la población cercana.

A estos efectos directos se suma un elemento cada vez más determinante en este tipo de proyectos: la aceptación social. En la actualidad, las infraestructuras con impacto ambiental no solo requieren autorizaciones administrativas, sino también el respaldo o, al menos, la no oposición de la comunidad en la que se pretenden implantar.

Cuando una ciudadanía organizada expresa un rechazo claro y fundamentado, se evidencia que el proyecto no está alineado con el territorio ni responde al interés general. Este principio, conocido como licencia social para operar, se ha convertido en un factor clave en la toma de decisiones públicas y en la viabilidad real de este tipo de iniciativas.

¿Es realmente una energía verde?

El debate sobre el biogás no es absoluto. En determinados contextos y a determinadas escalas, puede constituir una herramienta útil dentro de la transición energética. Sin embargo, una macroinstalación que concentra residuos de amplias zonas, genera impactos locales intensos y se ubica en un entorno vulnerable no puede considerarse plenamente sostenible.

En definitiva, no se trata de rechazar el biogás como tecnología, sino de evitar su implantación en ubicaciones inadecuadas que puedan comprometer la salud, el agua, la economía y el equilibrio ambiental de todo un municipio.

El papel del Ayuntamiento de Vegas del Genil

En este escenario, resulta inevitable preguntarse qué está haciendo el Ayuntamiento de Vegas del Genil ante un proyecto con potencial impacto directo sobre su población. Hasta la fecha, no se ha trasladado a la ciudadanía una posición clara, pública y firme en defensa del municipio, ni se han comunicado medidas concretas de análisis, alegación o coordinación con otros municipios afectados. Esta falta de posicionamiento genera incertidumbre y contrasta con la reacción de otras localidades del entorno, donde ya se han expresado rechazos explícitos. La defensa del interés general exige anticipación, transparencia y liderazgo institucional, especialmente cuando están en juego la salud, el medio ambiente y el modelo de desarrollo del municipio.

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