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Plataforma de vecinos y asociaciones

Cada 2 de enero, Belicena convierte el recuerdo histórico de la Toma de Granada en una tradición popular profundamente arraigada. Lo que nació en el contexto del asedio de 1491-1492 y la repoblación posterior se ha mantenido vivo durante generaciones como un día de campo, convivencia y memoria compartida. Una celebración propia, integradora y ligada al paisaje de la Vega, que explica por qué el 2 de enero sigue siendo una de las fechas más sentidas por el pueblo.
Cada 2 de enero, Belicena repite una escena que se ha transmitido durante generaciones: los vecinos salen al campo para compartir comida y convivencia en lo que popularmente se conoce como el Día de la Toma. Lejos de ser una costumbre reciente, esta tradición hunde sus raíces en un contexto histórico muy concreto: la fase final de la Guerra de Granada (1491–1492) y el papel que Belicena desempeñó en aquel desenlace.
Este artículo analiza el origen histórico de esa celebración, su evolución y los motivos por los que el 2 de enero sigue siendo hoy una fecha profundamente arraigada en la identidad belicenera.

El 2 de enero de 1492, la ciudad de Granada fue entregada por Boabdil a los Reyes Católicos, culminando así la conquista del Reino nazarí. Tras las Capitulaciones firmadas en Santa Fe el 25 noviembre de 1491, los monarcas cristianos entraron en la ciudad desde la Vega, poniendo fin a casi ocho siglos de presencia islámica en el poder político granadino.
Desde ese momento, la Corona impulsó la conmemoración anual del 2 de enero mediante actos religiosos de acción de gracias en la capital. Sin embargo, la trascendencia de la fecha no quedó limitada a la ciudad de Granada. La Vega fue escenario directo del asedio y del despliegue militar, y las localidades de su entorno quedaron estrechamente vinculadas a aquellos acontecimientos.
Durante los últimos meses del asedio (1491–1492), los Reyes Católicos establecieron su campamento principal en la Vega, en el entorno de la antigua alquería del Gozco y la ermita de Santa Catalina, origen de la actual Santa Fe, ciudad fundada como base militar permanente. Este campamento, conocido como el Real de la Vega, llegó a albergar decenas de miles de soldados, funcionando como una auténtica ciudad provisional frente a Granada.
En ese contexto, Belicena, entonces Balaysana o Bencilema, se encontraba a escasa distancia del núcleo del Real, integrada de hecho en el espacio logístico y territorial que sostenía el cerco. Su posición en la llanura, cercana al río Genil y atravesada por caminos históricos, la situaba en una zona de tránsito continuo de tropas, carros y suministros.

Uno de los elementos que ayuda a comprender esta relación es el Camino Viejo de Belicena, resultado histórico de antiguos trazados rurales que conectaban Belicena con Santa Fe y Granada. Estudios recientes sobre el Real de la Vega plantean la hipótesis de que esta vía, junto a otros caminos de la llanura, pudo funcionar como uno de los ejes internos del campamento, articulando el tránsito y la disposición del Real.
Aunque las crónicas del siglo XV no lo mencionan de forma expresa con ese nombre, la documentación posterior y la lógica territorial permiten afirmar que el corredor Belicena–Santa Fe–Granada fue una vía de paso fundamental durante el asedio. De este modo, Belicena no fue un enclave aislado, sino parte de la retaguardia operativa del campamento cristiano, integrada en el sistema de caminos que sostenía el cerco final.
Tras la entrega de Granada el 2 de enero de 1492, las alquerías de la Vega se rindieron sin resistencia y comenzaron los procesos de repoblación cristiana. Belicena fue repoblada con cristianos viejos y quedó incorporada de forma estable al nuevo Reino de Granada.
Los caminos utilizados durante la guerra no desaparecieron. Al contrario, se consolidaron como ejes agrícolas y de comunicación, y aparecen mencionados en los Libros de Apeo y Repartimiento del siglo XVI como referencias para delimitar pagos y tierras. El antiguo Camino Viejo dejó de ser vía militar para volver a ser camino de labor, pero conservó el peso simbólico de su pasado.
Todo indica que, desde los primeros años tras la conquista, el 2 de enero quedó fijado en Belicena como una fecha señalada. Probablemente comenzó con algún tipo de conmemoración religiosa, siguiendo el modelo impulsado por la Corona en Granada.
Con el paso del tiempo, esta conmemoración se transformó en una costumbre popular, trasladándose del ámbito litúrgico al espacio abierto. Al igual que ocurrió en Santa Fe con su festividad del 25 de noviembre, en Belicena el recuerdo histórico derivó en reuniones vecinales en el campo, integrándose en la vida cotidiana del pueblo.
Durante los siglos XIX y XX, la tradición se reforzó por la economía agrícola de la Vega. El cultivo del tabaco, muy presente en Belicena, marcaba el calendario laboral, y el final del secado a finales de diciembre ofrecía la ocasión perfecta para una celebración colectiva.
El 2 de enero, ya festivo por tradición, se consolidó como día de descanso y convivencia, dando lugar al día de la Toma tal como hoy se conoce.
El Día de la Toma siempre ha sido una fecha muy querida en Belicena y Casas Bajas, vivida como un gran día de campo en el que participaban vecinos de todas las edades. A lo largo de los años se ha celebrado en distintos enclaves del entorno: la Era del Carmen, junto al arroyo del Salado; el secano de Casas Bajas; y, cuando el tiempo no acompañaba, en secaderos y cortijos, que se convertían en punto de encuentro. Era habitual ver tractores cargados de gente y provisiones, grupos que se reunían por afinidad pero que, conforme avanzaba el día, se mezclaban con naturalidad, compartiendo comida y conversación con quienes pasaban por allí.

La jornada estaba marcada por los juegos tradicionales, la música improvisada, en ocasiones un acordeón, y un ambiente abierto y hospitalario. Para muchos, el 2 de enero fue el escenario donde comenzaron parejas, se forjaron amistades y se alargaron las horas hasta la noche, alrededor de una hoguera. Es también una tradición que ha sabido integrar a los nuevos vecinos que llegaron a Belicena y Casas Bajas con el paso del tiempo, a diferencia de las barriadas de Purchil y Ambroz, donde el Jueves Lardero ha ido perdiendo peso con los años. En Belicena, el año siempre ha empezado así: con alegría compartida y vida en común.
Hoy, el 2 de enero se vive en Belicena como una jornada de convivencia vecinal e identidad compartida, ajena a lecturas políticas o confrontativas. Para los vecinos, no se trata de celebrar una victoria militar de antaño, sino de mantener viva una tradición heredada, ligada a la historia del pueblo y a la vida en la Vega.
Familias y amigos repiten un gesto sencillo: salir al campo, compartir mesa y memoria, y transmitir a las nuevas generaciones el significado de un día que forma parte de su identidad colectiva.
[…] En el caso concreto de Vegas del Genil, fuentes municipales y testimonios orales coinciden en señalar que las Barriadas de Purchil y Ambroz han sido históricamente los núcleos donde esta costumbre ha tenido mayor arraigo, mientras que en las Barriadas de Belicena y Casas bajas celebran el día de la toma. […]