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Don Jorge Casanova Molina fue mucho más que un maestro en Belicena: fue un sembrador de futuro. En las Escuelas Nuevas de La Almohada, a finales de los años 50 y comienzos de los 60, educó a generaciones enteras en tiempos duros, con aulas llenas, pocos recursos y una vocación inmensa. Con disciplina, respeto y entrega, dejó una huella profunda en la memoria del pueblo. Hoy su nombre sigue vivo en quienes aprendieron a leer, a escribir y a creer en sí mismos bajo su magisterio.
Don Jorge Casanova Molina fue mucho más que un maestro en Belicena: fue un sembrador de futuro. En las Escuelas Nuevas de La Almohada educó, durante casi dos décadas, a varias generaciones en tiempos difíciles, con aulas repletas y recursos escasos, pero con una vocación inmensa que aún late en la memoria del pueblo. Hoy su nombre vive en quienes aprendieron a leer, a escribir y a creer en sí mismos bajo su magisterio.

Jorge Casanova Molina, natural de La Zubia (Granada) y posteriormente vinculado a Almuñécar, se formó como maestro nacional en los años de la posguerra. En una época en la que enseñar era también reconstruir un país roto, ingresó en el Cuerpo Nacional de Magisterio en la década de 1940, acumulando méritos hasta aparecer en el escalafón oficial del año 1954 con Categoría Sexta, distinción reservada a maestros veteranos con una trayectoria consolidada.
Su expediente personal, conservado en el Archivo Municipal de Granada, muestra actividad docente desde 1938 hasta 1969, más de treinta años entregados a la escuela pública.

Según los datos familiares, Don Jorge llegó a Belicena a finales de los años 40. Allí ejerció hasta 1963, completando casi veinte años dedicados a la formación de niños beliceneros en uno de los momentos más trascendentales para el desarrollo educativo del pueblo.
Fue además figura clave, junto a vecinos como Manolo López, en que Belicena se convirtiera en el primer pueblo de la zona en disponer de unas escuelas dignas, las conocidas Escuelas Nuevas de La Almohada, que sustituyeron a las viejas dependencias y simbolizaron el salto educativo de toda una generación
En las aulas de Don Jorge, a menudo más de cien alumnos compartían pupitre, tiza y techo. Acudían desde Belicena, desde los cortijos cercanos y desde el Puente de los Vados. Días de invierno en barro, días de verano en polvo. Y allí estaba él:
La puerta abierta.
La pizarra preparada.
La lección escrita con pulso firme.
Era un maestro recto, disciplinado y profundamente humano. Enseñaba lo académico, pero también inculcaba valores: respeto, esfuerzo, camino recto. No tenía “la mano suelta”, como era frecuente en la época, aunque no faltaban padres que le insinuaban que debía “enderezar” a sus hijos. Él prefería la autoridad moral a la violencia.
Esos años forjaron a toda una generación que aún recuerda su caligrafía en la pizarra, su voz marcando dictados y la seriedad con la que impartía cada lección.
Don Jorge no solo fue maestro: fue también un apoyo esencial para los vecinos mayores del pueblo.
Cada mes ayudaba a muchos de ellos a cobrar sus pensiones, a gestionar trámites administrativos y a resolver los problemas burocráticos que no sabían o no podían afrontar solos.
En un Belicena todavía rural y disperso, él fue una figura de confianza, un hombre que unía vocación educativa y servicio comunitario.

En 1963, solicitó traslado y obtuvo destino en Churriana de la Vega. Tres años más tarde, en 1966, recibió un nombramiento excepcional: fue asignado a una unidad escolar de nueva creación en el Hospital Clínico de Granada.
Allí impartía clases a niños hospitalizados, muchos de ellos encamados por enfermedades graves, especialmente poliomielitis. Su labor fue pionera y contribuyó a los inicios de la Educación Especial en Granada, un hito del que pocas personas tenían noticia.
Su expediente muestra actividad hasta 1969, cuando se presume su jubilación.
Según recuerda Doña María Luisa (una antigua alumna y maestra):
Antes de Don Jorge, ejercieron Don Manuel Mendoza; después, Don Miguel Carretero y Don Miguel Martínez. Ya en 1977 llegaría ella junto a su esposo Don Pedro, completando la continuidad educativa del Colegio de Belicena.
Su figura, por tanto, forma parte de una línea pedagógica que definió la identidad y el carácter educativo del pueblo durante décadas.
Don Jorge no tiene calle, placa ni monumento. Pero posee algo mucho más poderoso:
vive en la memoria de quienes pasaron por sus aulas.
Los niños y niñas de entonces se convirtieron en agricultores, costureras, albañiles, trabajadores municipales, comerciantes, madres y padres que pudieron ofrecer a sus hijos un futuro mejor gracias a las bases que él les dio.
Y las Escuelas Nuevas, hoy el Colegio de Primaria de Belicena (La Almohada), siguen siendo el corazón educativo del pueblo. El edificio ha cambiado, pero su espíritu permanece: el de los maestros que, como Don Jorge, levantaron futuro con tiza y vocación.
Cada fotografía antigua trae de vuelta esos nombres: Don Jorge, Doña Ángeles, Doña Concha, Doña María Luisa, Don Pedro, Don Miguel… y con ellos regresan los recreos de tierra, los nervios de los dictados y el olor a cuadernos nuevos.
Iniciativas como “Belicena en el Recuerdo” permiten rescatar esta memoria invisible que no aparece en los libros oficiales, pero que sustenta la identidad profunda del pueblo.
Porque hay maestros que solo dan clase.
Y hay maestros que hacen historia sin saberlo.
Don Jorge Casanova Molina fue uno de ellos.
Fue un Maestro,su saber manejar una escuela que llegó a tener 115 niños en lista(solían faltar en dias de …),el trato con los padres,clases nocturnas,la palabra sencilla y amable serán recordados por los que tuvimos la suerte de asistir a sus clases.Agradecer su dedicación (,en los años 60-61 salieron de la escuela más de 20 niños a bachillerato o similares) con la dedicación de una calle es lo mínimo que este pueblo puede hacer para perpetuar su memoria
Gracias por su comentario. Es cierto que lo menos que puede hacer este pueblo es la dedicación de una calle en Belicena como ya se hizo con otras personas importantes de Belicena como Maestra Doña Ángeles o Calle Fray Placido.