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Este artículo analiza el fenómeno del Chem Sex y su impacto en la salud sexual, abordando la relación entre consumo de sustancias, prácticas de riesgo, transmisión de VIH e ITS, así como la importancia de la prevención, la PrEP, la PEP y la lucha contra el estigma.
Cada 1 de diciembre se recuerda la importancia de hablar del VIH, desmontar mitos y luchar contra el estigma. En los últimos años, además, fenómenos sociales como el denominado “Chem Sex” han generado un debate profundo sobre sexualidad, prácticas de riesgo, salud pública y responsabilidad colectiva.
Este fenómeno, vinculado al consumo de drogas durante las relaciones sexuales y a entornos de sexo desinhibido y sin protección, ha ganado visibilidad por sus consecuencias sanitarias y sociales. Aunque no representa a toda la comunidad sexual, obliga a reflexionar sobre cómo la desinformación, el estigma y la falta de prevención pueden poner en riesgo la salud de muchas personas.

El VIH es un virus que afecta al sistema inmunitario, mientras que el Sida es la fase avanzada de la infección. En la actualidad, gracias a los tratamientos antirretrovirales, una persona con VIH que sigue adecuadamente su medicación puede alcanzar una carga viral indetectable, lo que implica que no transmite el virus (I=I).
Sin embargo, prácticas como las asociadas al Chem Sex —donde puede darse pérdida de control, ausencia de medidas de protección y repetición de conductas de alto riesgo— aumentan la probabilidad de transmisión, no solo del VIH, sino de múltiples infecciones de transmisión sexual (ITS).
En torno al VIH y las ITS persisten numerosos mitos que, combinados con prácticas de riesgo, pueden generar una falsa sensación de seguridad. Entre los más frecuentes se encuentran la creencia de que consumir sustancias no incrementa el riesgo de mantener relaciones sexuales sin protección, que la ausencia de síntomas significa ausencia de infección, que una persona aparentemente sana no puede transmitir ITS, o que el VIH afecta únicamente a ciertos colectivos.
Estos mitos son peligrosos. Muchas ITS pueden desarrollarse sin síntomas visibles, y el consumo de sustancias puede disminuir la percepción del riesgo, dificultar el consentimiento informado y fomentar prácticas sexuales sin protección.
El estigma asociado tanto al VIH como a determinadas prácticas sexuales genera silencios que favorecen la desinformación. Muchas personas jóvenes evitan hablar de prevención, no solicitan ayuda tras una exposición de riesgo y temen acudir a centros sanitarios por miedo al juicio social.
Este silencio también alimenta el fenómeno del Chem Sex: lo que no se habla, no se analiza, y lo que no se analiza corre el riesgo de normalizarse sin cuestionamiento ni medidas de seguridad. Combatir el estigma es esencial para que la población pueda informarse, protegerse y buscar apoyo sin miedo.
Ante el crecimiento de prácticas de riesgo asociadas al Chem Sex, la prevención se vuelve más necesaria que nunca. Entre las medidas fundamentales destacan el uso de preservativo interno o externo, el empleo de lubricantes para evitar microheridas, la realización de pruebas periódicas de VIH e ITS, la reducción o evitación del consumo de sustancias en contextos sexuales y la creación de entornos seguros, consensuados y libres de coerción.
La prevención no debe entenderse como prohibición, sino como una forma de cuidado personal y colectivo.
Fenómenos como el Chem Sex han evidenciado que todavía falta información sobre recursos preventivos esenciales.
La PrEP (Profilaxis Preexposición) es un tratamiento destinado a personas con prácticas sexuales de riesgo y puede reducir en más del 90% la probabilidad de adquirir el VIH. En contextos de sexo desinhibido o pérdida de control, constituye una herramienta fundamental.
Por su parte, la PEP (Profilaxis Postexposición) es un tratamiento de urgencia que debe iniciarse dentro de las 72 horas posteriores a una posible exposición al virus. A pesar de su eficacia, muchas personas no acuden a solicitarla por miedo, vergüenza o desconocimiento.
El Chem Sex ha puesto sobre la mesa un aumento significativo de otras ITS que conviene conocer y prevenir.
Sífilis. Causada por la bacteria Treponema pallidum, puede avanzar por varias fases y, sin tratamiento, afectar gravemente al corazón, cerebro u ojos.
Gonorrea. Producida por Neisseria gonorrhoeae, puede afectar a uretra, garganta, recto y genitales. Sus síntomas pueden incluir dolor al orinar, secreción purulenta y molestias rectales, aunque en la garganta suele ser asintomática.
Clamidia. Causada por Chlamydia trachomatis, es muy frecuente y a menudo asintomática. Puede provocar ardor al orinar, dolor testicular, flujo anormal y molestias rectales.
Hepatitis A, B y C. Afectan al hígado y pueden transmitirse sexualmente, especialmente A y B. La hepatitis C puede contagiarse en prácticas sexuales de alto riesgo. Sus síntomas incluyen náuseas, ictericia, cansancio extremo y dolor abdominal.
Virus del Papiloma Humano (VPH). Común y con más de 100 tipos, algunos provocan verrugas y otros están asociados a diversos tipos de cáncer. La vacunación es altamente recomendable en personas con prácticas sexuales de riesgo.
Herpes genital (HSV-1 y HSV-2). Produce brotes recurrentes de ampollas o úlceras genitales, y puede transmitirse incluso sin síntomas visibles.
Las medidas generales de prevención incluyen el uso de preservativos o barreras dentales, lubricación adecuada, higiene y protección en juguetes sexuales, pruebas periódicas cada tres o seis meses en caso de riesgo, vacunación frente a VPH y hepatitis A y B, y una comunicación abierta con las parejas sexuales.
El impacto mediático del Chem Sex ha sido intenso, pero también ha servido para visibilizar la necesidad urgente de hablar de salud sexual sin tabúes. Mezclar drogas y sexo sin control implica riesgos reales; el estigma sigue siendo un obstáculo para la prevención; y herramientas como la PrEP, la PEP y la educación sexual requieren mayor difusión.
La conclusión es clara: el placer y la responsabilidad no son opuestos. La salud sexual es un derecho, y la información, una herramienta para cuidarnos colectivamente.