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El Cortijo Nuevo de Purchil es uno de los edificios rurales más singulares de Vegas del Genil. Integrado hoy en el entorno urbano, este antiguo complejo agrícola fue durante décadas un importante centro de producción, residencia y convivencia en la Vega de Granada. Desde sus orígenes a finales del siglo XIX, pasando por la llegada de “La Cubanita” y la introducción del cultivo del tabaco, hasta su posterior fragmentación y deterioro, el cortijo concentra buena parte de la memoria social, económica y patrimonial del municipio. Su historia refleja la evolución de Purchil y la importancia de conservar un legado que forma parte esencial de la identidad local.
En la calle Granada de Purchil, integrado hoy en el entramado urbano del municipio, se conserva uno de los edificios rurales más singulares de Vegas del Genil: el conocido como Cortijo Nuevo. A simple vista, su aspecto actual refleja el paso del tiempo, el abandono y las transformaciones sufridas durante décadas. Sin embargo, tras sus muros se esconde una historia profunda ligada al desarrollo agrícola, social y humano de la Vega de Granada.
Lejos de ser una construcción aislada, el Cortijo Nuevo fue durante gran parte del siglo XX un importante centro de producción, residencia y convivencia, vinculado a familias, cultivos y procesos históricos que marcaron a Purchil y su entorno.

Los testimonios vecinales coinciden en señalar que el cortijo original era considerablemente más grande que el edificio que hoy permanece en pie. El conjunto incluía amplios patios, galerías en la segunda planta, cuadras, corrales, cocinas, almacenes y dependencias agrícolas. Su organización giraba en torno a un gran patio central, al estilo de los palacetes rurales, desde el cual se distribuían las distintas estancias.
Este modelo arquitectónico combinaba funciones residenciales y productivas, reflejando la importancia económica de la finca. Parte de estas estructuras fue demolida o transformada con el paso del tiempo, especialmente en la zona derecha del edificio, lo que explica la fragmentación actual del conjunto.

Una de las etapas más relevantes en la historia del Cortijo Nuevo se sitúa a comienzos del siglo XX, con la llegada a la Vega de una familia procedente de Cuba. Entre sus miembros destacó Isabel Martín, conocida popularmente como “La Cubanita”.
Según numerosos testimonios y documentos conservados en la memoria colectiva, esta familia se estableció en Purchil en la década de 1920. Desde el cortijo impulsaron el cultivo del tabaco, introduciendo semillas y técnicas aprendidas en el Caribe. Su iniciativa marcó el inicio de una actividad que acabaría convirtiéndose en uno de los pilares económicos de la comarca durante décadas.
La finca llegó a abarcar una extensión considerable, desde los actuales secaderos de Terrobas hasta el Puente Francés y el Pozo Marcial, incluyendo terrenos donde hoy se sitúa el recinto ferial y otras zonas urbanizadas.
Una fotografía fechada en febrero de 1934 confirma la presencia de Isabel Martín en aquellos años, situando cronológicamente esta etapa clave del desarrollo agrícola local.
La existencia del enclave es anterior a esta etapa. En un mapa de 1895 aparece ya identificado como “Cortijo de la Paz”, lo que demuestra que el asentamiento agrícola estaba consolidado a finales del siglo XIX.
Este dato sitúa el origen del conjunto en el contexto de la reorganización agraria de la Vega tras el siglo XIX, cuando se consolidaron grandes explotaciones vinculadas al regadío y a la producción intensiva.
A mediados del siglo XX, el cortijo fue adquirido por Antonio Moreno López, conocido como “Antonio Bicicleta”, procedente de Tiena. Según el testimonio de su hija, Francisca Moreno Martín, la compra se realizó a Alfonso Palma, entonces alcalde de Huétor Tájar, e incluía unos 105 marjales de terreno.
La familia residió en el cortijo durante varios años, hasta que una importante inundación del río provocó su abandono. Posteriormente, el inmueble fue vendido a Antonio Toro.
Durante esta etapa, el conjunto aún conservaba gran parte de su estructura original, con amplios patios, corrales y dependencias hoy desaparecidas.
Con el paso de los años, el Cortijo Nuevo fue dividiéndose en distintas propiedades. Parte del terreno fue heredado por antiguos encargados de la finca, mientras que otras parcelas fueron vendidas para edificación.
Este proceso de fragmentación provocó la pérdida progresiva de la unidad arquitectónica y funcional del conjunto. En la actualidad, la parte principal del edificio pertenece a un propietario residente en el extranjero, mientras que otras zonas se integraron en viviendas colindantes.
Más allá de su función agrícola, el cortijo fue un lugar de vida y convivencia para numerosas familias. Varias generaciones crecieron entre sus muros, compartiendo trabajo, infancia y relaciones vecinales.
Entre las figuras recordadas destaca Antonio Herrezuelo, antiguo carabinero de la República y represaliado tras la Guerra Civil.

Durante años residió en el cortijo, donde relataba sus vivencias de persecución y represión. Su historia refleja el impacto de los grandes acontecimientos nacionales en la vida cotidiana de los pueblos.
Otros vecinos evocan también a “Manolo del Cortijo Nuevo”, apodado “el moro” por su estancia en Marruecos, así como a numerosos trabajadores y residentes que formaron parte de su historia.
Desde el punto de vista constructivo, el Cortijo Nuevo conserva elementos de gran interés patrimonial. Entre ellos destacan el antiguo secadero superior con estructura de madera, la cubierta de teja árabe, los muros de carga de gran espesor, la rejería tradicional, el balcón central y la presencia de una antigua alberca.
Su tipología responde a un modelo híbrido entre cortijo agrícola, casa señorial y centro productivo, hoy prácticamente desaparecido en la Vega. Este carácter singular refuerza su valor como patrimonio rural.
En el patio del Cortijo Nuevo se conserva una antigua alberca de inspiración nazarí, reflejo del legado hidráulico y estético que pervive en la arquitectura tradicional de la Vega.
Los tejados que aún se conservan fueron restaurados gracias a la iniciativa de la familia Pérez Benavides, descendientes de un antiguo alcalde democrático de Purchil, quien financiaron la obra ejecutada por el maestro albañil Antonio Santos, sustituyendo toda la estructura de madera deteriorada por materiales nuevos, lo que ha permitido que el edificio no se haya derrumbado hasta hoy.

En la actualidad, el edificio presenta signos evidentes de deterioro: humedades, desprendimientos, grafitis, vegetación invasiva y degradación estructural. La falta de una intervención integral pone en riesgo su conservación a medio plazo.
A pesar de su relevancia histórica y social, el cortijo no cuenta con una protección patrimonial efectiva que garantice su preservación.


La historia del Cortijo Nuevo resume buena parte de la evolución de Purchil y de la Vega: la modernización agrícola, la introducción del tabaco, las migraciones, la posguerra, la vida rural tradicional y la expansión urbana.
Su conservación no solo implica proteger un edificio, sino también preservar la memoria colectiva de generaciones que construyeron su vida en torno a él.
Recuperar y difundir esta historia es una forma de fortalecer el vínculo entre pasado y presente, y de reconocer el valor del patrimonio como elemento esencial de la identidad local.














Este edificio, aunque hoy se vea deteriorado, es parte de la historia y la identidad de nuestro pueblo. Conservarlo es respetar nuestra memoria y nuestro pasado. Cada vez, nos va quedando menos edificios de la identidad de lo que era el pueblo, es una lastima.
Toda la razón, se debería hacer por conservar estos edificios aunque sean privados. Se podían dar subvenciones o algún tipo de intervención para su conservación. Igual pasa con el Pozo Marcial, Cortijo de Haro.. una pena que se pierda nuestra identidad