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Plataforma de vecinos y asociaciones

El Pozo Marcial no es solo una construcción hidráulica, es un lugar donde el agua, el trabajo y la vida cotidiana se entrelazaron durante décadas. Desde sus orígenes en mitad de la Vega, el Pozo Marcial fue punto de encuentro, sustento agrícola y símbolo de una comunidad que supo organizarse en torno a un recurso esencial. Hoy, su estado nos interpela como pueblo y nos recuerda que proteger el Pozo Marcial es también defender la memoria y la identidad de Purchil y de Vegas del Genil.
El Pozo Marcial, situado en la barriada de Purchil, constituye uno de los elementos más significativos del patrimonio hidráulico y etnológico de Vegas del Genil. Su historia está íntimamente ligada a la cultura del agua en la Vega de Granada y a la vida cotidiana de generaciones de vecinos que dependieron de él para el sustento agrícola y doméstico

El Pozo Marcial fue construido en el año 1945, un periodo recordado en la memoria popular como “el año seco”, debido a la extrema escasez de lluvias que afectó gravemente a la Vega de Granada. Su promotor y constructor fue Manuel Marcial García López, vecino de la zona y dueño del Cortijo de la Merced, de quien el pozo tomó su nombre. Testimonios orales directos confirman que numerosos vecinos participaron en las faenas de ahondamiento, lo que refuerza su carácter comunitario y solidario.
De todos los pozos conocidos en esta parte de la Vega, el Pozo Marcial era reconocido como el de mayor caudal, lo que lo convirtió en una infraestructura hidráulica esencial para garantizar el riego y el abastecimiento en épocas de escasez. El conjunto contaba además con una vivienda anexa destinada al encargado del pozo, cuyos descendientes residen hoy en Belicena, lo que explica la entidad constructiva del edificio y su uso continuado.
El mantenimiento técnico del pozo, incluyendo el montaje y desmontaje de la maquinaria, corría a cargo de Francisco Verdugo, vecino de Ambroz, ejemplo de los oficios especializados vinculados tradicionalmente a la gestión del agua en la Vega.
En sus orígenes, el Pozo Marcial carecía de camino de acceso propio. Para llegar tanto a la vivienda como al pozo era necesario hacerlo a través de la vereda del cementerio de Purchil o por el camino del Cortijo Nuevo en dirección al Pago Seco, en un entorno entonces plenamente agrícola.
Aunque el Pozo Marcial es una infraestructura del siglo XX, su existencia se inscribe en una tradición mucho más antigua. Tras la conquista cristiana de Granada en 1492 y la posterior repoblación, la Vega desarrolló un complejo sistema hidráulico basado en acequias andalusíes, albercas, pozos y norias. En este contexto, el Pozo Marcial vino a complementar el riego tradicional, reforzando la capacidad productiva de un territorio históricamente dependiente del agua.

La Vega de Granada fue durante siglos una comarca de huertas y cultivos intensivos. El agua del pozo se utilizaba para regar las tierras de labor, especialmente en periodos de estiaje, y para abrevar el ganado. Vecinos recuerdan que “daba agua para los regadíos”, permitiendo sostener cultivos de trigo, maíz, lino, cáñamo y tabaco, uno de los productos más representativos de Purchil y su entorno.
Muchos agricultores acudían al pozo con cubos y cántaros, y en algunos momentos se instalaron bombas manuales para facilitar la extracción y distribución del agua por las hileras de siembra.
Más allá de su función agrícola, el Pozo Marcial tuvo un profundo uso social y doméstico. Antes de la llegada del agua corriente a las viviendas, los vecinos de Purchil acudían diariamente al pozo para abastecerse de agua de consumo, higiene y tareas domésticas. Era habitual ver a mujeres y niños con cántaros y vasijas, convirtiendo el pozo en un auténtico punto de encuentro vecinal.
Alrededor del brocal se compartían noticias, se comentaba la vida del pueblo y se reforzaban los lazos comunitarios. En este sentido, el Pozo Marcial cumplía una función similar a la de la fuente pública tradicional: un espacio donde la vida cotidiana fluía al ritmo del agua.
La tradición oral recoge además pequeños rituales y creencias populares. Algunos mayores recuerdan que se devolvían al pozo las primeras aguas del cántaro “para dar de beber al pozo”, o que se evitaba hacer ruido cerca del brocal durante la siesta “para no molestar a los duendes del agua”. Durante las faenas agrícolas, los trabajadores se refrescaban en sus inmediaciones y no era extraño improvisar comidas junto al pozo en jornadas de siega o trilla, aprovechando la sombra de los árboles cercanos.
El Pozo Marcial se sitúa en la entrada de Purchil por la carretera GR-3305, procedente del Hospital de la Inmaculada, junto al Club de Campo, muy próximo al río Genil y a la desembocadura del río Dílar, y cerca del cementerio de Purchil. Se encuentra en plena llanura aluvial de la Vega de Granada, a una altitud aproximada de 617 metros sobre el nivel del mar, en un terreno prácticamente llano.

Históricamente, el entorno era eminentemente agrícola y estaba rodeado de alamedas de chopos, típicas de las riberas y acequias de la Vega, que proporcionaban sombra y señalaban la abundancia de agua subterránea. En las inmediaciones se extendían campos de cultivo de regadío y se localiza aún hoy secaderos de tabaco, construcción inseparable del paisaje agrario que compartía funcionalidad con el pozo.
En la actualidad, el Pozo Marcial presenta un estado de conservación claramente deficiente, consecuencia del abandono prolongado y la ausencia total de mantenimiento. Aunque la estructura principal aún se mantiene en pie, se aprecia un grave deterioro de la cubierta, con tejas desplazadas y hundimientos parciales, así como el desgaste de los muros, la presencia de humedades y la pérdida de elementos originales.
Las ventanas y accesos se encuentran cegados o abiertos, facilitando la entrada de agua y actos vandálicos, como evidencian las numerosas pintadas que cubren las fachadas. El entorno inmediato aparece degradado, sin protección, señalización ni medidas de conservación, lo que pone en riesgo un bien de alto valor histórico e hidráulico para la memoria agrícola de Purchil y de la Vega. A ello se suma la transformación del paisaje provocada por la construcción y ensanche de la carretera hacia el cementerio, que supuso la desaparición de las alamedas y la progresiva urbanización del entorno.

El Pozo Marcial posee un notable valor patrimonial de carácter etnológico y cultural, aunque actualmente no está catalogado como Bien de Interés Cultural ni cuenta con una protección específica en el planeamiento urbanístico municipal. Su importancia radica en su significado histórico y social: es un testimonio material de la cultura del agua, del trabajo agrícola y de la vida comunitaria que definieron la Vega de Granada durante generaciones.
Junto a otros hitos de Purchil como el Puente Francés, el Cortijo Terrobas o la iglesia parroquial, el Pozo Marcial forma parte de la arquitectura tradicional de la Vega. En municipios cercanos se están recuperando y poniendo en valor infraestructuras similares, albercas, molinos, norias, lo que demuestra que su conservación es posible y deseable.
La sencillez del Pozo Marcial esconde la memoria de generaciones enteras, los hábitos comunitarios y la ingeniosidad campesina para gestionar un recurso tan esencial como el agua. Aunque carece de títulos oficiales, su valor patrimonial es incuestionable y su deterioro actual exige una reflexión colectiva y una actuación responsable para evitar que este símbolo de la historia local desaparezca por simple dejadez.
La documentación escrita sobre el Pozo Marcial es limitada, pero la memoria oral ha actuado como un auténtico archivo vivo. Recuerdos compartidos por vecinos “era el pozo que daba agua a todas las huertas”, “allí iba mi madre de niña” completan lo que los documentos apenas mencionan. Incluso se tiene constancia de la existencia de otro pozo denominado “Marcial” en el término de Ambroz, accesible desde el camino de Chavarino, aunque no se dispone por el momento de datos suficientes para establecer una relación directa entre ambos.
Podemos afirmar que el verdadero archivo del Pozo Marcial reside en las vivencias colectivas de Purchil, transmitidas de generación en generación, y que su conservación no es solo una cuestión material, sino un compromiso con la memoria y la identidad de la Vega de Granada.
Una pena que se deje deteriorar éste tipo de construcciones…tanto si es de propiedad privada como si no, el ayuntamiento debería tomar cartas en el asunto y ponerlo en valor, son muchos los usos que se le podría dar. Una pena que la dejadez pueda más que otra cosa
[…] una extensión considerable, desde los actuales secaderos de Terrobas hasta el Puente Francés y el Pozo Marcial, incluyendo terrenos donde hoy se sitúa el recinto ferial y otras zonas […]