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Luis Padial fue un joven de Belicena (Vegas del Genil, Granada) que, tras luchar por la República en la Guerra Civil Española, fue deportado al campo nazi de Mauthausen, donde sobrevivió cuatro años de trabajos forzados. Su historia, rescatada por Defiende Vegas del Genil, simboliza la memoria de los granadinos que sufrieron el exilio, la represión y el horror del fascismo. Hoy, su nombre representa la dignidad y la resistencia del pueblo andaluz frente al olvido.
Luis Padial Palma nació el 10 de diciembre de 1916 en Belicena, en un lugar conocido como Dilar (Actual Plaza de la Constitución). Era hijo de una familia granadina de origen humilde (principalmente campesina, como la mayoría en la Vega de Granada) y le tocó vivir su juventud en tiempos convulsos. Con apenas 19 años, al estallar la Guerra Civil Española en 1936, tomó partido por la República, como tantos jóvenes de ideas democráticas en Andalucía. La provincia de Granada cayó pronto bajo control franquista, por lo que Padial probablemente tuvo que huir de su Belicena natal para unirse al ejército republicano en zonas leales al Gobierno legítimo. Sirvió como soldado republicano durante la contienda, defendiendo los ideales democráticos hasta el final de la guerra en 1939
Cuando la República fue derrotada en 1939, Padial Palma formó parte del éxodo masivo conocido como la Retirada: alrededor de medio millón de españoles (combatientes y civiles) cruzaron los Pirineos hacia Francia huyendo de la represión franquista. Luis Padial, como muchos andaluces republicanos, atravesó la frontera con Francia en el invierno de 1939. Fue internado inicialmente en alguno de los improvisados campos de refugiados del sur de Francia, en condiciones durísimas (campos como Argelès-sur-Mer, donde los hombres malvivían a la intemperie en la playa). Sin embargo, al poco tiempo el Gobierno francés decidió reclutar a los varones españoles para aprovechar su mano de obra en el esfuerzo de guerra contra la Alemania nazi. A Padial, al igual que a miles de exiliados republicanos, se le clasificó como “trabajador extranjero” y fue asignado a una Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE) del ejército francés. Estas compañías agrupaban a refugiados españoles para realizar trabajos manuales (construcción de carreteras, fortificaciones, etc.) en Francia, ya que no se les reconocía formalmente como soldados regulares.

Integrado en una CTE, a Luis Padial Palma le destinaron inicialmente a trabajos en el sur de Francia y luego al frente oriental. En la primavera de 1940, cuando la Alemania nazi invadió Francia, la compañía de Padial fue enviada a reforzar la línea defensiva en el este del país, posiblemente en la zona fronteriza con Alemania (Los Vosgos o Alsacia-Lorena). Allí se encontraban cientos de españoles trabajando en fortificaciones y barracones militares. La ofensiva fulminante de las tropas alemanas en junio de 1940 provocó la desbandada del ejército francés y el colapso de las CTE desplegadas. En medio del caos de la derrota, miles de republicanos españoles quedaron atrapados. Luis Padial Palma fue capturado por el ejército alemán en junio de 1940 cerca de la ciudad de Belfort, en el noreste de Francia.
Tras su captura, los alemanes le internaron primero en un Frontstalag (campo de prisioneros provisional situado cerca del frente). En concreto, fue enviado al Frontstalag 140 de Belfort, instalado en la fortaleza de esa ciudad. Poco después, al considerarlo un prisionero “no reclamado” por ningún gobierno (la dictadura franquista se negó a reconocer como españoles a los exiliados republicanos), lo transfirieron a Alemania como prisionero de guerra sin patria. Padial fue deportado al Stalag XI-A Altengrabow, un gran campo de prisioneros de guerra ubicado en Sajonia-Anhalt (Alemania). Allí permaneció varios meses junto a otros prisioneros españoles capturados en Francia. Franco no mostró interés en repatriar a estos españoles, por lo que los nazis terminaron considerándolos apátridas y “rojos españoles”. Esa condición los condenó a un destino trágico: la deportación a campos de concentración.
A finales de 1940 e inicios de 1941, los nazis iniciaron el traslado sistemático de prisioneros españoles desde los Stalags (campos de prisioneros militares) hacia los campos de concentración, bajo la siniestra categoría de “Rotspanier” (“rojos españoles”). En el caso de Luis Padial, su turno llegó en la primavera de 1941. El 24 de abril de 1941 fue sacado del Stalag XI-A de Altengrabow junto a otros centenares de españoles para ser enviado al campo de exterminio nazi de Mauthausen, en la Austria ocupada.
El 26 de abril de 1941 Luis Padial Palma ingresó como deportado en el campo de concentración de Mauthausen. Al llegar, los SS le tatuaron o asignaron un número de prisionero: el número 3976 quedó registrado junto a su nombre en los archivos del campo. Además, como a todos los republicanos españoles, le hicieron portar en su uniforme el triángulo azul con la letra “S” (de Spanier, español en alemán). Ese símbolo infamante indicaba que era un apátrida de nacionalidad española, ya que el régimen de Franco había negado cualquier protección a estos deportados. Irónicamente, los nazis les etiquetaron como “españoles sin patria”: «¡qué contradicción tan ofensiva y cruel: apátridas españoles!» señalaba el sobreviviente Mariano Constante. En la jerarquía del campo, los españoles fueron clasificados como prisioneros políticos (triángulo azul) y “rojos” (por su pasado republicano). A partir de ese momento, la vida de Luis Padial quedó reducida a esclavitud y supervivencia en uno de los campos más duros del sistema nazi.

El campo de Mauthausen, situado junto a una cantera de granito, tenía la temible categoría de “Grado III”: campo de castigo para enemigos políticos incorregibles. Allí fueron a parar más de 7.000 españoles republicanos entre 1940 y 1945. Las condiciones eran inhumanas: trabajos forzados agotadores, hambre extrema, violencia constante y un índice altísimo de mortalidad. Los prisioneros españoles, en su mayoría jóvenes de entre 20 y 30 años, quedaron sometidos a un régimen de exterminio por trabajo.
Muchos fueron destinados a la cantera de granito, subiendo y bajando los célebres 186 escalones con bloques a cuestas, jornada tras jornada, hasta morir reventados. Otros, con el tiempo, fueron repartidos a diversos kommandos o subcampos del complejo Mauthausen-Gusen para trabajos industriales.
Luis Padial Palma logró sobrevivir a los primeros meses en Mauthausen, que fueron letales para cientos de sus compatriotas. Con el tiempo, fue enviado a distintos subcampos para trabajos forzados especializados. A finales de 1942 fue trasladado al subcampo de Bachmanning, donde los prisioneros realizaban labores agrícolas y de construcción. Posteriormente, a inicios de 1943, fue reubicado en el subcampo de Steyr-Münichholz, uno de los más duros del complejo, donde los deportados eran explotados en fábricas de armamento para la Wehrmacht. En Steyr, Padial padeció hambre, jornadas extenuantes, bombardeos y las brutalidades de los guardianes SS.
A pesar de todo, Luis Padial logró mantenerse con vida. La documentación del campo confirma que, el 11 de septiembre de 1944, fue trasladado desde Mauthausen al komando de Linz-Cantine, una cantina situada en la cercana ciudad de Linz. Este destino, que algunos supervivientes llamaban irónicamente “la cantina de Mauthausen”, estaba reservado a prisioneros que los SS consideraban útiles por sus habilidades manuales. Padial había sido albañil antes de la guerra, y es probable que esa experiencia le convirtiera en un preso aprovechable para los nazis, no para mejorar su vida, sino para exprimir su fuerza hasta el límite.

Trabajar en la cantina no significaba privilegio, ni descanso, ni protección: era esclavitud, bajo vigilancia, amenazas y golpes. Sin embargo, estar temporalmente lejos de la cantera de granito, donde la mortalidad era masiva, aumentó mínimamente sus posibilidades de sobrevivir. Los registros del campo recogen también una anotación en la enfermería, donde aparece atendido por una herida en la cabeza. Aunque no se detalla la causa, es casi seguro que se trató de una paliza, como las que sufrían habitualmente los prisioneros por parte de los SS o los kapos.

En los últimos días de abril de 1945, ante el colapso del régimen nazi, Luis fue devuelto al campo principal de Mauthausen. Allí se encontraba cuando, el 5 de mayo de 1945, las tropas de la 11ª División Acorazada de EE. UU. liberaron el campo. Padial había sobrevivido cuatro años de deportación, algo que solo consiguió aproximadamente un tercio de los españoles enviados a Mauthausen.
Aquella jornada quedó inmortalizada en una imagen histórica: un grupo de españoles liberados desplegó una pancarta hecha con sábanas donde se leía:
«Los antifascistas españoles saludan a las fuerzas liberadoras».
Luis Padial pudo haber estado entre esos supervivientes exhaustos que, tras años de horror, levantaron la voz por la vida y la dignidad.

Confirmada su liberación el 5 de mayo de 1945, Luis Padial Palma recuperó la libertad con 28 años de edad, pero con la salud quebrantada y sin patria a la que regresar. España seguía bajo la dictadura de Franco, hostil hacia los ex-deportados (quienes, de volver, arriesgaban prisión o vigilancia). Por ello, Padial, como la gran mayoría de supervivientes españoles de Mauthausen, optó por quedarse en el exilio. Francia, el país en el que había ingresado como refugiado seis años antes, se convirtió en su segundo hogar. Organizaciones de ayuda a ex-deportados y la Amical de Mauthausen (asociación de antiguos prisioneros españoles, con sede en París) le brindaron apoyo en los primeros momentos. Tras recuperarse de la extrema debilidad física (muchos supervivientes pesaban apenas 40-45 kg al ser liberados), Luis Padial se estableció en Francia para reconstruir su vida.
Durante las décadas siguientes, residió en la región de París, trabajando para ganarse la vida en el país que le acogió. Según los registros civiles franceses, Luis Padial Palma se instaló en la localidad de Sèvres, un suburbio al suroeste de París, en el departamento de Hauts-de-Seine. Allí vivió discretamente, lejos de su tierra natal, formando parte de la numerosa diáspora republicana española. Finalmente, falleció en Francia el 15 de octubre de 1990, a los 73 años de edad. Sus datos figuran en el registro de defunciones de Sèvres, constando erróneamente su nacimiento en marzo de 1917, pero sin duda se trata de él (el error en la fecha es común en documentos de exiliados). Luis Padial murió sin haber retornado nunca a España, después de casi medio siglo de exilio forzado.
Se desconoce si llegó a contraer matrimonio o tener descendencia en Francia; la escasa información disponible sugiere que no tuvo hijos conocidos, o al menos ninguno en su Granada natal. Como muchos deportados republicanos, pudo haber preferido el silencio sobre su terrible experiencia: durante décadas, el tema de los campos nazis y la Guerra Civil fue tabú en España, e incluso en el exilio algunos sobrevivientes guardaron sus recuerdos para sí mismos. Es posible que Luis Padial mantuviera contacto con otros españoles ex-deportados a través de la Amical de Mauthausen en Francia, pero no se ha hallado testimonio directo suyo en publicaciones o entrevistas. Su vida después de la guerra transcurrió en el anonimato, luchando contra las secuelas físicas y psicológicas que le dejaron aquellos años de cautiverio.
La historia de Luis Padial Palma ejemplifica la odisea trágica de cientos de granadinos y miles de españoles que pasaron de luchar por la República a sufrir el infierno de los campos nazis. Sin embargo, su memoria, como la de tantos deportados andaluces, permaneció en el olvido durante décadas en su tierra natal. La dictadura franquista silenció cualquier reconocimiento a estos “rojos” exiliados, y durante la Transición española tampoco se les dio visibilidad. En Andalucía, sólo unos pocos municipios tomaron tempranas iniciativas de memoria histórica para recordar a sus vecinos deportados. En el caso de Vegas del Genil no se había homenajeado públicamente a Luis Padial Palma ni se había difundido su periplo vital. Su nombre no figuraba en monumentos locales, ni existen placas conmemorativas en Belicena, a diferencia de otros pueblos andaluces como Zujaira (Granada) o Posadas (Córdoba), que sí honraron a sus deportados años atrás
No obstante, con el auge de la Memoria Democrática en España en el siglo XXI, la figura de Luis Padial está siendo rescatada del olvido. Investigaciones históricas como el Libro Memorial de los Deportados de Benito Bermejo y Sandra Checa, así como bases de datos oficiales (por ejemplo, el Banc de la Memòria Democràtica de Cataluña) han documentado su caso con precisión: confirman sus datos de nacimiento, deportación y liberación. Asimismo, historiadores locales como Javi Santos y plataformas locales como “Defiende Vegas del Genil”, impulsora de este artículo, están dando a conocer su historia a la comunidad.

Gracias a ello, hoy Vegas del Genil puede reivindicar a Luis Padial Palma como un hijo del pueblo víctima del nazismo, manteniendo viva su memoria y la de todos los republicanos que sufrieron por la libertad.
En los últimos años se han celebrado actos simbólicos en España y Austria para recordar a los deportados españoles. En mayo de 2023, familias de ex-deportados colocaron una réplica de la mítica pancarta de Mauthausen en el propio recinto del campo, durante el aniversario de la liberación. Gestos como ese muestran que el sacrificio de hombres como Luis Padial Palma no ha sido en vano ni será olvidado. Su nombre se suma al de otros granadinos que padecieron los campos (se estima que 277 granadinos fueron deportados a campos nazis y solo 92 sobrevivieron). En Vegas del Genil, la difusión de su biografía servirá para honrar su recuerdo, dignificar su lucha antifascista y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de defender los valores de la democracia y la libertad por los que él estuvo dispuesto a dar la vida.
Luis Padial Palma, deportado número 3976 de Mauthausen, es hoy un símbolo local de la memoria histórica: el joven de Belicena que, tras luchar en la Guerra Civil, sufrió el exilio, la esclavitud bajo el yugo nazi y, contra todo pronóstico, sobrevivió para contarlo (aunque el silencio envolviera su testimonio). Su vida representa la resistencia y la esperanza en medio de la barbarie. Su pueblo, Belicena, puede sentirse orgulloso de rescatar su memoria y proclamar, tantos años después, que la justicia y la dignidad prevalecen sobre el olvido. Luis Padial Palma ya no es solo un nombre y un número en un registro; es parte de la historia colectiva de Vegas del Genil, de Andalucía y de España, a la que aportó su sacrificio en la lucha contra el fascismo. Su memoria, por fin, ha encontrado un lugar de honor entre nosotros.

Hoy, al recordar a Luis Padial Palma, no solo evocamos a un vecino de Belicena, sino a todos los hombres y mujeres que fueron perseguidos por defender la libertad. Su historia es un acto de justicia pendiente con quienes dieron su juventud y su vida por ideales democráticos que hoy seguimos disfrutando. Desde Defiende Vegas del Genil reclamamos que su nombre figure en el callejero, en los centros educativos y en la conciencia colectiva de nuestro pueblo. Porque no hay futuro sin memoria, y porque solo recordando a los que resistieron podremos honrar de verdad la dignidad humana frente a la barbarie.
Fuentes consultadas: Archivos históricos de deportados (Banc de la Memòria Democràtica de Catalunya), publicaciones especializadas (Andaluces en los campos de Mauthausen, Triángulo Azul de Constante y Razola), testimonios recopilados por asociaciones memorialistas y registros oficiales de víctimas (Registro Civil de Sèvres, Francia), entre otros. Cada dato ha sido contrastado para asegurar un relato riguroso y veraz sobre la vida de Luis Padial Palma, el vecino de Belicena que sobrevivió al horror de Mauthausen y cuyo recuerdo hoy Defiende Vegas del Genil reclama y defiende con legítimo orgullo.
Las dos primeras imágenes que acompañan este artículo han sido recreaciones realizadas con inteligencia artificial, con el único propósito de ayudar a visualizar los lugares y contextos históricos mencionados. No representan fotografías originales, sino una aproximación respetuosa para facilitar la comprensión de la historia